«Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración». Nikola Tesla
Cuando escuchamos un órgano y colocamos un recipiente de agua encima, ésta vibra formando un patrón geométrico que es único en cada edificio. Y curiosamente debajo o al lado de los rosetones o vidrieras (vitrales) de las catedrales o iglesias encontramos habitualmente un órgano.
Esta propiedad la estudió a fondo la artista y sanadora londinense, ahora afincada en Irlanda Tanya Harris en su obra The Architecture of Sound. Para ello construyó un aparato que traducía el sonido en patrones geométricos, lo que se define como cimática, los cuales convertía en grabados en piedra. En cimática estas imágenes se llaman glifos.
Antes de la cimática, a finales del siglo XIX, Ernst Chladni (1756–1827) ya descubrió unas figuras que se creaban en la arena, se llamaron figuras de Chladni.
Estos rosetones y vitrales actúan como una Antena de Resonador Dieléctrico (DRA), emitiendo una frecuencia determinada que vibra en perfecta resonancia con la geometría sagrada.
Estas frecuencias tienen propiedades curativas y eléctricas aprovechando el éter (energía universal, ki...) que captan los edificios religiosos para canalizarlo a las personas que no saben acceder por sí mismas.
Hasta aquí me he aventurado al tema pero el asunto es muy complejo tanto por motivos técnicos como esotéricos ya que aparte habría que hablar de las resonancias Schumann, las frecuencias de las campanas, los recubrimientos de cobre en los tejados, las ondas de forma de los laberintos y dibujos geométricos e incluso que las torres de las catedrales se convierten en cátodos y ánodos convirtiendo la electricidad del ambiente en electromagnetismo mediante los rosetones y ventanas alrededor del altar que hacen las veces del magnetrón de los microondas. Os expongo un esquema en esta lámina.


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