La radiónica es un sistema que nos permite analizar, mediante aparatos especiales, las diferentes causas de una enfermedad o problema de salud. Las causas más importantes son:
Epigenética: Herencia genética y anímica (miasmática) de nuestros antepasados que se manifiesta durante la gestación del feto, el nacimiento y el desarrollo posterior. Es un estado latente que puede generar múltiples manifestaciones perturbadoras de la salud. Los miasmas más conocidos son las psoras; también se describen el miasma general (combinación de varios), la psicosis, la sífilis, la tuberculosis y otros menos conocidos, como los cancerígenos o carcinómicos.
Procesos traumáticos: Todas las experiencias que abarcan desde la etapa fetal hasta el nacimiento, y desde éste hasta el desarrollo posterior, pueden arrastrar estos procesos. Si se contempla la reencarnación, se incluirían también las supuestas vidas pasadas, con toda su carga de información psicoemocional y vegetativa (somatizada).
Vacunas: Se considera que pueden alterar el sistema inmunológico por intrusión, de manera agresiva, impidiendo la respuesta activa de nuestras propias defensas, como la flora intestinal, las inmunoglobulinas y la glándula timo. En el caso de las vacunas de ARN, se afirma que provocan la formación de proteínas (Spike) que el cuerpo no puede eliminar, dando lugar a nuevos amiloides o placas proteínicas de depósito, considerados indicadores de alteración vital.
Estrés crónico: Originado por diversos factores como el dolor, las malas relaciones sociales, las experiencias frustrantes, la sobreexigencia o infraexigencia laboral o existencial, el insomnio y, cada vez más, la soledad no deseada.
Radiaciones telúricas de la Tierra: Diferentes emanaciones alteradas del campo magnético terrestre, que van desde formas leves hasta formas severas como la radiación gamma, altamente peligrosa. También se mencionan las líneas de Curry, zonas dobles, grietas del subsuelo y la red global de Hartmann, entre otras.
Radiaciones artificiales creadas por el ser humano (electrosmog): Actualmente presentes en numerosos entornos, desde las instalaciones eléctricas domésticas hasta las emisiones digitales de los teléfonos móviles. Se citan, entre otras, la influencia de radares, satélites, líneas de tren, postes de alta tensión, transformadores eléctricos, routers de internet con 4G y 5G, y la radiactividad artificial de los rayos X.
Influencias ambientales de naturaleza tóxica: Como los productos químicos del sector agroalimentario, pesticidas, purines, manipulación genética de alimentos agrícolas, hormonas y antibióticos en la ganadería, derivados fósiles, metales pesados presentes en alimentos o empastes dentales, microplásticos, pinturas, formaldehídos, asbesto y una extensa lista imposible de abarcar aquí.
Enfermedades de dientes y mandíbulas: Pueden causar alteraciones en todo el organismo. Es frecuente la presencia de dientes desvitalizados tratados con endodoncia, cuyos conductos sanguíneos y nerviosos pueden permanecer en procesos de putrefacción o infección crónica. También se incluyen infecciones bucales y mandibulares de larga duración.
Medicamentos alopáticos: En muchos casos considerados tóxicos y conocidos por sus efectos secundarios. Se incluye también el abuso de fármacos, corticoides y antibióticos.
Alimentación de mala calidad: Tanto por sus componentes como por su combinación y cocción, pudiendo alterar el pH general y favorecer una sobreacidez persistente. Esto puede aislar el sistema celular con una carga mórbida de desechos no eliminados y patógenos oportunistas (hongos, bacterias y sus esporas, entre otros). La alimentación procesada actual se considera perjudicial por su alto grado de manipulación biológica y por contener azúcares, sales, nitritos, sulfitos, fosfatos, conservantes y aditivos inhibidores del apetito.
Cicatrices: Consideradas bloqueos de energía en meridianos y órganos, lo que podría reducir el flujo sanguíneo y la transmisión de información nerviosa en el sistema.
Patógenos y, por extensión, parásitos: Se sostiene que a menudo no son detectados en los análisis clínicos y que pueden provocar una invasión permanente de la flora digestiva, especialmente intestinal, contaminando también la sangre y la linfa, y favoreciendo enfermedades crónicas, incluidos algunos tipos de cáncer. Se menciona la abundancia de patógenos como gusanos, hongos, bacterias, virus, viroides, protozoos y combinaciones oportunistas entre ellos, que supuestamente no son tratados ni por la medicina alopática ni por la alternativa.
Otro aspecto a considerar y no menos importante, es la influencia de formas maléficas o demoniacas. Es conocido el popular mal de ojo, que afecta a los niños especialmente y donde se asegura que un adulto puede provocar con su mirada un dolor o enfermedad en almas tiernas y sensibles. Es decir, hay personas negativas que pueden influir a otras, bien por vampirismo, succionando energía de los demás, o bien, provocando daños malintencionados. Lo mismo ocurre con la llamada magia amorosa verde, donde una persona intenta seducir a otra sexualmente por medio de brujerias o rituales. Sin olvidar la pérfida magia negra, con rituales satánicos de sangre y sexuales. Además hay fuerzas astrales demoniacas que influyen poderosamente las mentes de humanos ansiosos de poder y gloria, como son gobernantes y personas malvadas, o simplemente dirigentes de lobbys económicos y multinacionales, utilizando los bulos como nueva forma de control en el mundo del marketing y espionaje político. También existen almas perdidas que no acaban de encontrar la luz en el más allá y merodean lugares donde vivieron e intentando comunicarse con los mortales e igualmente demonios locales, que (nos) confunden y enferman a los humanos.
José Vesta RadionicES<RadionicES@protonmail.com>

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